Cambios normativos, expedientes en trámite y un nuevo escenario legal explican por qué hoy el Estado nacional ya no certifica elecciones sindicales. El SEOC Tucumán quedó en el centro de un debate que muchos trabajadores aún no logran comprender.
El conflicto que atraviesa hoy el Sindicato de Empleados y Obreros del Comercio de Tucumán (SEOC) ya no puede ser leído únicamente como una discusión electoral o administrativa. La situación institucional del gremio se encuentra atravesada por investigaciones judiciales en curso, con causas penales abiertas y personas formalmente imputadas, lo que agrava el escenario y obliga a una lectura mucho más profunda.
Desde la entrada en vigencia del Decreto de Necesidad y Urgencia 342/2025, la Secretaría de Trabajo dejó de intervenir en elecciones sindicales y de emitir certificaciones de autoridades. Este cambio normativo modificó de manera sustancial el modo en que históricamente se resolvían los conflictos internos de los sindicatos. En este nuevo contexto legal, cualquier afirmación vinculada a supuestas certificaciones estatales de autoridades carece de sustento administrativo, ya que la autoridad de aplicación se encuentra legalmente inhibida de emitirlas.
En el caso del SEOC Tucumán, a este marco normativo se suma un dato de extrema gravedad institucional: existen causas penales en trámite en las que se investiga el manejo de fondos sindicales, con imputaciones concretas por presuntos delitos vinculados a la administración del patrimonio del gremio. En dichas actuaciones, el sindicato reviste carácter de víctima institucional, lo que implica que el perjuicio investigado no recae sobre una persona individual, sino sobre el conjunto de los trabajadores y trabajadoras afiliados.
Pese a este escenario, continúan registrándose actos de administración y representación que son objeto de fuertes cuestionamientos desde el punto de vista legal y estatutario. Especialistas en derecho colectivo del trabajo advierten que el ejercicio de funciones de conducción sin respaldo claro de los órganos democráticos internos, y en un contexto de investigaciones penales con personas imputadas, puede configurar situaciones de usurpación de funciones y profundizar la responsabilidad individual de quienes persisten en ese accionar.
La discusión no es meramente formal. El control de las cuentas sindicales y de los recursos económicos impacta de manera directa en el pago de salarios, en la prestación de servicios, en la asistencia social y en el funcionamiento cotidiano del sindicato. Cuando esos recursos quedan subordinados a intereses personales o a disputas de poder, el daño es concreto y se traduce en derechos vulnerados para los trabajadores.
El caso del SEOC Tucumán expone una pregunta central para todo el movimiento sindical: ¿hasta dónde puede llegar el interés individual cuando se coloca por encima del interés colectivo? La autonomía sindical, protegida por la Constitución Nacional, la Ley 23.551 y los convenios internacionales de la OIT, no habilita la apropiación del poder ni el manejo discrecional de fondos que pertenecen a la totalidad de los afiliados.
En un escenario con causas penales en curso, personas imputadas y un Estado que ya no certifica elecciones sindicales, la transparencia, el respeto a las decisiones asamblearias y la protección del patrimonio colectivo no son opciones políticas, sino obligaciones institucionales. Lo que está en juego no es solo una conducción, sino la credibilidad misma de la representación gremial y la defensa efectiva de los derechos de los trabajadores.
