COMUNICADO DE APA:
Compañeros y compañeras:
Por la presente queremos expresar el máximo repudio al Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Manuel Adorni, quien durante el año 2024 se la pasó inventando historia sobre los trabajadores aeronáuticos, diciendo que ocupábamos asientos de pasajeros para viajar en avión, nos acusó de utilizar los recursos del Estado para beneficio propio, por lo visto todo el tiempo solo estuvo hablando de él mismo.
Hoy nos enteramos que Manuel Adorni viajó a Nueva York junto a su esposa en el avión presidencial, sin ningún motivo laboral, más que acompañarlo porque era su deseo. Además dijo que en el viaje se “desloma” trabajando, una falta de respeto a todas y todos los trabajadores que día y noche dejamos nuestras casas para ir a ganarnos el plato de comida.
No podemos entender el grado de cinismo y desprecio que tiene para con la clase trabajadora. Esperamos que vaya al Congreso de la Nación a dar las explicaciones pertinentes, aunque más que explicaciones, debería pedir disculpas si le queda algo de dignidad. Queremos recomendarle a Manuel Adorni que si quiere trabajar, no hace falta que viaje con su esposa a Nueva York, que salga de la burbuja en la que está metido y vea a los trabajadores a la cara, en las estaciones, aeropuertos, fábricas (las que queda) y entienda que el pueblo está sufriendo, mientras ellos están de fiesta.

* El mismo Adorni anunció en agosto de 2024 un decreto que dispuso que las aeronaves públicas “no podrán ser utilizadas en viajes particulares y solamente estarán afectadas a tareas que hacen a la condición jurídica del servicio público”. Especificó que no se iban a usar para “trasladar diarios hacia el sur” o “transportar a familiares”, en un mensaje que apuntaba al uso indiscriminado que hacía el kirchnerismo de la flota presidencial. “Este es otro privilegio que se termina”, dijo en conferencia de prensa.

* El martes reconoció que su esposa se aloja con él en el hotel Langhman, uno de los más caros de Manhattan, con habitaciones que para un cliente común cuestan entre 700 y 1500 dólares la noche en estas fechas. Insistió en que no había gasto adicional por el hecho de que ella durmiera ahí. Es posible. Pero eso no justifica el privilegio de disfrutar de un resort de lujo pagado con los impuestos de los argentinos de bien, para usar terminología libertaria.

* En busca de comprensión añadió que él paga de su bolsillo los viáticos de comida y transporte en los viajes al exterior. Semejante muestra de generosidad no corresponde si está en misión oficial. ¿Cómo costea esos gastos un funcionario sin fortuna previa a su ingreso al Gobierno –de acuerdo con su declaración jurada- y que tiene un sueldo congelado en poco más de 3,5 millones de pesos? El argumento, de todos modos, ganaría fuerza si hubiera mostrado comprobantes de los consumos que corrieron por su cuenta.

* Dijo que su mujer iba a viajar de todos modos a Nueva York y que tenía un pasaje pagado por unos 5000 dólares (un precio que corresponde con las clases superiores). ¿Tenía que viajar igual por una cuestión laboral o era solo para acompañarlo? Si fuera la primera opción, de un modo u otro el beneficio de usar el vuelo y el alojamiento pagado por el Estado podría influir en un negocio personal de Angeletti. Ella se dedica al “coaching ontológico” y tiene una empresa que fundó en julio de 2024, cuando su esposo ya era vocero presidencial.
* Adorni se indignó con las dudas. Insistió en que no entiende por qué causa dudas el episodio, al que considera “una cuestión privada”. Relató que Angeletti tenía billete para el 26 de febrero, pero por un cambio de agenda la gira presidencial empezó en Miami y eso trastocaba los planes que tenían juntos. ¿No había forma de cambiar el pasaje? ¿Qué deuda tenía con él o con Angeletti el fisco argentino que hizo necesario invitarla al avión presidencial?
* También le preguntaron a Adorni por un supuesto viaje a Punta del Este con su familia en un jet privado durante el fin de semana largo de carnaval. Primero dijo que eran “cuestiones de la vida privada”, luego confirmó que había ido en esas fechas a la ciudad uruguaya, pero se negó a especificar cómo había llegado hasta allí. La frontera entre lo público y lo privado se hace más difusa para quien ocupa el principal cargo en la administración del Estado. Sobre todo, si incurriera en potenciales gastos que pudieran despertar sospechas sobre su patrimonio. ¿O no hay interés público en saber si pagó de su bolsillo un avión privado para irse cuatro días de vacaciones, un dispendio que en apariencia no hace juego con su situación económica? Si el avión lo pagó él o se lo prestaron (y en ese caso quién) son cuestiones que parecen escapar de la esfera de privacidad a la que toda persona tiene legítimo derec
Antes y después
El Adorni del pasado consideraba “desconectados con la realidad” a los políticos que se movían en aviones privados. Despotricaba contra los presidentes que volaban al exterior con comitivas elefantiásicas. Ya en el Gobierno se convirtió en la cara del ajuste: el verdugo verbal de los científicos del Conicet, los médicos del Garrahan y otros empleados públicos a los que tildaba de ñoquis y parásitos de los contribuyentes.
Si el implicado fuera otro, un mileísta convencido cerraría la discusión sobre Adorni, la esposa y el viaje a Nueva York con una pregunta inapelable: ¿podría hacer esto mismo si en lugar de funcionario del Estado fuera gerente de una empresa privada?
Al experto comunicador esta vez le falló el coaching. El tamaño de su indignación con los demás operó como un búmeran. La minucia del viaje con su esposa adquiere relevancia de Estado por obra y gracia del contraste. Es lo que tiene vivir con el dedo levantado: hay que tener cuidado de no quedar un día delante de un espejo.
