En el Sindicato de Empleados de Comercio de la Capital Federal (SEC CABA) se terminó de consolidar un atropello descarado contra los trabajadores que ya no se puede tapar con discursos. La reciente Resolución N° 33 de la Junta Electoral no es un error administrativo; es una muestra obscena de impunidad burocrática firmada para salvar a los de siempre. Sin ningún tipo de vergüenza, el órgano encargado de cuidar el voto de los afiliados decidió oficializar a la lista Celeste Verde, una lista tramposa que se presentó a las apuradas y que nunca juntó los requisitos mínimos para competir de manera legal. Lo que hicieron en las oficinas del sindicato es un insulto a la inteligencia de los empleados de comercio y una maniobra mafiosa para perpetuarse en el poder a cualquier costo.
Las pruebas del escándalo no son inventos ni chicanas de campaña, constan de puño y letra en el expediente judicial La denuncia formal presentada por el apoderado de la Lista Azul, Oscar Mario Tedesco destapó una verdadera fábrica de mentiras: el propio cuerpo de peritos calígrafos oficiales detectó e impugnó 1.238 firmas falsificadas en las planillas del oficialismo. Inventaron firmas de afiliados para simular un apoyo que no tienen. Al descartar este fraude burdo, la lista Celeste Verde quedó con un déficit insalvable de 1.504 avales por debajo del piso obligatorio que exige el artículo 128 del Estatuto Social En cualquier lugar donde se respete la ley, una lista sin avales y con firmas truchas se va a su casa. Pero acá, la Junta Electoral aplicó una “generosidad” insólita para perdonarles la trampa y dejarlos competir igual.
Esto es la resolución 33 de la Junta electoral:
JUNTA ELECTORAL OFICIALIZA LISTA VERDE CELESTE
Semejante estafa caligráfica no se sostiene sola; necesita de cómplices con lapicera en mano. El colmo de esta promiscuidad institucional tiene nombre y apellido: Ademar Gerardo Pérez, presidente de la Junta Electoral Este personaje es nada menos que el hermano de Carlos Pérez, el candidato principal de la lista oficialista beneficiada. ¿De qué transparencia nos quieren hablar? Es una burla total pretender que hubo un arbitraje independiente. Bajo este pacto de hermandad y lazos de sangre, es operativamente imposible que hayan “desconocido” semejante festival de firmas falsas. No fue un descuido burocrático; fue una decisión tomada en familia para blindar la impunidad, cuidar los privilegios de su propia casta y garantizar que el poder del sindicato quede entre parientes, cagándose en el estatuto y en el derecho de los trabajadores.
La impunidad de este armado familiar se vuelve todavía más peligrosa cuando se revisan los nombres que metieron a dedo. La postulación de Sergio Ismael Ortiz para el cargo clave de Secretario Gremial es un cachetazo a la ética: arrastra una pesada causa penal por falsificación de documento público y privado confirmada por la propia Sala IV de la Cámara de Apelaciones. Un candidato con la espalda manchada por la justicia penal y con prohibiciones para negociar contratos En el colmo del descaro, metieron además a diez candidatos que ni cumplían con los dos años obligatorios de afiliación Todo este aparato tramposo se activó con un solo objetivo: desplazar de la cancha y proscribir a la verdadera opción de recambio que encabeza Sabrina Paredes, una dirigente de base que sí camina los sectores y que representa a los trabajadores legítimos que este fraude de escritorio quiere dejar afuera.
Este manoseo impúdico dejó de ser un simple problema de papelerío sindical; cruzó la frontera para convertirse en una estafa penal burda y a la vista de todos. El recurso judicial que metió Tedesco va directo al cuello del oficialismo: exige abrir causas penales inmediatas contra los delegados entregadores que se dedicaron a truchar firmas Y la mentira se les cae a pedazos porque en el mismo expediente aparecen los testimonios de los afiliados reales y de los propios compañeros de la lista Violeta que fueron a declarar con la indignación a flor de piel: “A mí no me mientas, yo jamás firmé esa planilla, esa firma es inventada” Es de un nivel de caradura e impunidad que hiela la sangre. No tienen límite. Armaron un búnker familiar para robarse una elección dibujando avales en un escritorio mientras el empleado de comercio real se rompe el lomo laburando doce horas por día. Compartí esto, hacelo circular en cada sucursal y en cada local, porque la única forma de frenar a esta casta de parientes atrincherados que se cagan en la dignidad del laburante es escrachar su trampa a los cuatro vientos. Que se les caiga la careta de una vez.
